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resiste!

Me confieso seguidor de los comics, de las historietas, del noveno arte o como quieran llamarle, pero no soy un fanático obsesivo que sabe de números de ediciones, fechas y demás – como el gordo de los Simpsons -. Debo tener algún tipo de asunto irresuelto en mi niñez o algo así porque me atraen bastante las historietas, los dibujos animados y los video juegos. Soy casi un infante en ese sentido. Mi cuerpo por ahora se niega a envejecer demasiado, parezco bastante más joven de lo que soy. Pero no tanto, medio como Mirtha Legrand que tiene como noventa pero parece de setenta y ocho. Pero vamos, tampoco soy tan infantil. Puedo ser muy maduro cuando quiero, de acuerdo a determinadas situaciones o circunstancias me sumo un par de sotas. Ninguna conservadora o chapada a la antigua, no crean. Un viejo con buena onda a lo sumo, no como Chiquita sino más bien como Michael Caine en Niños del Hombre.

Soy tan infantil como Holden Caulfield. O eso quisiera.

En fin, hablaba de los comics y de cómo se puede ser infantil en lo que respecta a gustos por la gráfica y todo eso. Creo que esta disciplina resulta tan cercana y familiar como los primeros dibujos del jardín de infantes. Personas y objetos retratados en acciones o fijos con flechas que indicaban palabras o nombres. Todo lo inanimado representando a lo animado pero librado a la imaginación. Es lo básico del asunto lo que atrae. Y las historias, por supuesto, las historias.

Entre Patoruzú y Iron Man hay años luz en la vida del comic y no se trata precisamente de evolución. Podría juntar toda la saga de Superman y jamás superaría en originalidad a Asterix.

Por encima de todo, Juan Salvo. El Eternauta.

En fin. Todavía estoy revisando los horarios para ver Iron Man. Incluso tengo entradas gratis y todo; buena gente que me acompañe también. El cine está a dos cuadras de casa, una y media por el callejón conocido como Pasaje Garzón. Es decir, a dos cuadras de Tony Stark/Robert Downey Jr. (el mejor casteado de los superhéroes en la historia de los superhéroes en el cine), del mejor tema (a mi gusto, obvio) de Black Sabbath y de la siempre agradable Gwyneth Paltrow. Pero no. Dilato mi ida por vagancia o lo que sea. Y sin embargo me entusiasma más la idea de ver en el cine la historieta de Oesterheld, con la invasión a Buenos Aires y el refugio en el Monumental y los Ellos y todo lo demás, porque me enteré hoy que Lucrecia Martel, la directora “intimista” de La Ciénaga y La Niña Santa afirmó estar trabajando en la adaptación del Eternauta al cine.

Una locura. Una noticia que se viene repitiendo hace años sólo cambiando de nombres.

Los comics se están comiendo el cine a más no poder. Y cansa. Cansa sobre todo porque son pocas las adaptaciones como la gente y son pocos los buenos comics adaptables.

Son muchos los niños como yo, eso sí.

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