Siempre tendremos París
July 1, 2008

París era una fiesta esconde el secreto de la escritura del siglo XX. Todo lo necesario para dedicar la vida a este oficio, no profesión ni mucho menos hobby, está en sus páginas. Hemingway descubre el mundo para los que ven o buscan ver el mundo de una manera única. Es un mapa de cómo ser escritor para cualquier joven y de cómo ser joven para cualquier persona. El itinerario que recorre la Ciudad Luz de posguerra, sus mujeres y amigos, abunda en descripciones únicas, palpables y tan sencillas como una postal, para luego terminar en la X que esconde el tesoro de la narración.
Suena cursi, ya sé. Pero sabrán entender a un admirador.
El arte de vivir para contar está en este libro, las claves para reconocer las canciones que todo el mundo silba en la calle y que todos desconocen, la forma en que únicamente la verdad, lo vívido y lo real descontracturan la mano y permiten el constante martilleo sobre las teclas o los surcos en la hoja. Todo se encuentra aquí.
Pero el precio puede ser alto, seguir al pie de la letra todas las letras de su autor puede costar muy caro y la deuda se paga con la vida.
Denle tiempo a Supercool
June 28, 2008

Superbad o Supercool no sólo representa al género de comedias fáciles sino que se sale del cuadro y rompe con los esquemas de una manera tan simple y efectiva que se convierte automáticamente en clásico. Un género tan autorreferencial como este se fundamenta en dos cosas: sexo y asco. American Pie lleva como seis secuelas, las tres últimas directo a video. Superbad tiene como arranque el sexo y el alcohol, pero para dar inicio a una serie de reflexiones cotidianas cargadas de ironía y puteadas. El casting, guión, música y hasta el filtro de la cámara dotan a esta pequeña película de una extraña ternura tan realista como tantos recuerdos podamos podamos tener de nuestra propia adolescencia, salvando un sinnúmero de distancias culturales y temporales que quedan fuera del cuadro.
La premisa resulta familiar porque se inscribe en el formato clásico de la comedia yanqui, un género al que no estamos del todo acostumbrados y del que queda en nuestras retinas sólo un par de gags por lo mucho que se pierde en las traducciones y doblajes. Las típicas películas de adolescentes calientes y puteadores, inseguros e inocentes (hasta cierto punto, claro) tratando de conseguir sexo, drogas o rock and roll, pero en la mayoría de los casos, sexo. Lo que cambia en el caso de Seth Rogen y Evan Goldberg es que está contada por dos adolescentes calientes y puteadores, inseguros e ingenuos que supieron ver Porky`s y las películas de Kevin Smith.
![]()
El idioma juega mucho en contra y los títulos ni hablar. Algo que pasa en ese sentido con la barrera idiomática, es que las líneas pasan casi desapercibidas y los chistes pueden no interpretarse plenamente. Con el timing justo en cada escena y en cada frase lo que sucede es un aluvión de risa, donde se pierden muchos chistes tapados por carcajadas. A eso apunta esta película y no tanto a la escatología como sus predecesoras. La versión sucia (para algunos, no para mi) de este nuevo estilo es Virgen a los 40. Una joya.
La iniciación, los disparates, el enorme arte de la puteada y la cotidianeidad reflejada son mérito de los autores. Rogen y Goldberg escribieron esta joyita a los 16, como la película que los identificara y que, por supuesto, desearían ver con sus amigos tomando la cerveza de sus padres.
El éxito de esta pequeña película es para mi algo que va a llegar con el tiempo, con el cable y sus eternas repeticiones. A muchos les va a encantar de entrada y a otros no. Hasta ahora no escuché una crítica mala, de nadie. Mediocres si, pero así son los clásicos, como los vinos que tienen que madurar.
Si no la viste andá corriendo al video, de paso alquilá Ligeramente Embarazada y Virgen a los 40. La misma gente cagándose de risa de las mismas cosas.
El eterno
May 13, 2008

Me confieso seguidor de los comics, de las historietas, del noveno arte o como quieran llamarle, pero no soy un fanático obsesivo que sabe de números de ediciones, fechas y demás - como el gordo de los Simpsons -. Debo tener algún tipo de asunto irresuelto en mi niñez o algo así porque me atraen bastante las historietas, los dibujos animados y los video juegos. Soy casi un infante en ese sentido. Mi cuerpo por ahora se niega a envejecer demasiado, parezco bastante más joven de lo que soy. Pero no tanto, medio como Mirtha Legrand que tiene como noventa pero parece de setenta y ocho. Pero vamos, tampoco soy tan infantil. Puedo ser muy maduro cuando quiero, de acuerdo a determinadas situaciones o circunstancias me sumo un par de sotas. Ninguna conservadora o chapada a la antigua, no crean. Un viejo con buena onda a lo sumo, no como Chiquita sino más bien como Michael Caine en Niños del Hombre.
Soy tan infantil como Holden Caulfield. O eso quisiera.
En fin, hablaba de los comics y de cómo se puede ser infantil en lo que respecta a gustos por la gráfica y todo eso. Creo que esta disciplina resulta tan cercana y familiar como los primeros dibujos del jardín de infantes. Personas y objetos retratados en acciones o fijos con flechas que indicaban palabras o nombres. Todo lo inanimado representando a lo animado pero librado a la imaginación. Es lo básico del asunto lo que atrae. Y las historias, por supuesto, las historias.
Entre Patoruzú y Iron Man hay años luz en la vida del comic y no se trata precisamente de evolución. Podría juntar toda la saga de Superman y jamás superaría en originalidad a Asterix.
Por encima de todo, Juan Salvo. El Eternauta.
En fin. Todavía estoy revisando los horarios para ver Iron Man. Incluso tengo entradas gratis y todo; buena gente que me acompañe también. El cine está a dos cuadras de casa, una y media por el callejón conocido como Pasaje Garzón. Es decir, a dos cuadras de Tony Stark/Robert Downey Jr. (el mejor casteado de los superhéroes en la historia de los superhéroes en el cine), del mejor tema (a mi gusto, obvio) de Black Sabbath y de la siempre agradable Gwyneth Paltrow. Pero no. Dilato mi ida por vagancia o lo que sea. Y sin embargo me entusiasma más la idea de ver en el cine la historieta de Oesterheld, con la invasión a Buenos Aires y el refugio en el Monumental y los Ellos y todo lo demás, porque me enteré hoy que Lucrecia Martel, la directora “intimista” de La Ciénaga y La Niña Santa afirmó estar trabajando en la adaptación del Eternauta al cine.
Una locura. Una noticia que se viene repitiendo hace años sólo cambiando de nombres.
Los comics se están comiendo el cine a más no poder. Y cansa. Cansa sobre todo porque son pocas las adaptaciones como la gente y son pocos los buenos comics adaptables.
Son muchos los niños como yo, eso sí.