una mancha más
August 29, 2008

Según presumo -asumo o imagino y no ostento, alardeo o me ufano- este simulacro de diario o carpeta de recortes goza de singular atractivo para gente perdida en internet o afín al ocio. Realmente dudo que lo vertido en esta hoja sinfín o plétora de intrascendencia pueda atraer a algún otro aparte de mi persona, hasta ahora en cuatro meses sólo distinguí dos comentarios, que si bien no son el fin último del blog sí sirven para no estar tan solo.
Nada más digo que en cuatro meses y diez míseros posts En el centeno registra más de 600 visitas, lo que equivale aproximadamente a 12 colectivos de larga distancia, un partido de Flandria o a las seguidoras de Sandro un 19 de agosto. No es poco.
De repasar Franny y Zooey, el libro bisagra e introductorio de Salinger a la familia Glass, a releer capítulos enteros de Paul Auster o ver que dan en el cable por la tarde, los días se acortan por el tiempo que roba la costumbre. La vida diaria atenta contra este blog. Las obligaciones contractuales, los horarios y la burocracia hacen de la vida un tránsito (lento) vacío de estímulos, en busca de calma y serenidad.
Jactarse de correcta ortografía, académica gramática y amplio vocabulario o buscar y revolver ideas privadas sobre aspectos de la vida que poco importan a muchos no pueden dar forma a nada. No alcanza. El tema es qué viene antes, ¿la forma o la función? ¿deben ir juntas? ¿acaso importa? Lo único que queda es seguir escribiendo hasta abajo, donde se termina la página y volver a empezar. Cómo un acto reflejo, o peor, como un tic.
Esa es la elección de un supuesto redactor, cubrir el blanco aunque sólo sea ensuciando. A Pollock le dio resultado.